Una de las claves principales para entrar en el universo teresiano es la amistad.
La extremada capacidad de relación de Teresa, su ingenio para comunicarse y
recibir al otro, su capacidad de adaptación y de atención… hace de ella una
mujer especialmente dotada para la amistad.
Cuando empezó a hablar de oración
cristiana, no habló de otra cosa: orar
es tratar de amistad con quien sabemos nos ama, estando muchas veces a
solas tratando con Él. Se trata de vivir en relación, de crecer en amistad,
como dicen Fray Cristian Chacón y Fray Albert Marchán[1]:
“Nuestra vida está orientada a Dios, y
realmente lo buscamos; pero de nuestra parte está rechazarlo o amarlo”.
Teresa entendió algo que Juan de la Cruz[2] expresó muy bien:
que hay que ir con todo a Dios, sin dejar nada de lo que constituye como ser
humano a la persona. Comprendió que el acceso a Dios se hace
a través de la propia humanidad, que implica también la humanidad de los
semejantes; y a través de la Otra Humanidad, la de Jesucristo, como acceso
íntimo, veraz e inmediato a Dios. Y, en todos los casos, la relación de amistad
aparece como un tejido que hace posible ese acceso
Un largo camino de amistades dibuja la
vida de Teresa. Hubo seglares –mujeres y hombres–, hubo monjas, curas y
religiosos. Gentes de negocios, de la nobleza, de extracción humilde. Algunas
de estas amistades fueron, con sus palabras, querer es de por acá desastrados.
Unas relaciones la pillaron desubicaron
de sí misma, le hicieron perder pie en la vida. Otras le ayudaron a dar forma a
su personalidad, a avanzar en el propio camino y a dar lo mejor de sí. Amistad
como revelación de la propia verdad, que solo se descubre plenamente en
relación, porque no hay quien tan bien se conozca a sí mismo como conocen los
que nos miran con amor.
Laín
Entralgo[3] definió la amistad como «una comunicación amorosa entre dos personas,
en la cual, para el mutuo bien de ambas, y a través de dos modos singulares de
ser hombre, se realiza y perfecciona la naturaleza humana».
Una definición muy próxima a la de
Teresa que, cuando habla de amistad, se refiere a una manera de amar. Hay una
experiencia que la transforma completamente y la resitúa en su forma de vivir
cada amistad: el encuentro con Jesucristo. La pasión de su personalidad no se
diluye ni disminuye, pero queda redefinida. A partir de ahí, la verdad y el
bien mutuo quedan por encima de todo. Y con una dirección muy clara: crecer.
Como diría Entralgo[4]: perfeccionar la naturaleza humana.
Nuestra conclusión pues, como decía Cicerón: “el mundo en que vivimos se
halla menesteroso de amistad. Y ahora, sobre todo, necesitado de saber cómo
conservarla.”
[1]
Frailes estudiantes de teología en el seminario de San Juan de la Cruz de
Sudamérica, declarando en un programa de radio latino.
[2]
Ibíd. Pág. 101
[3]
En un ensayo introductorio a las Meditaciones del Quijote (1914), en el que
define la filosofía como la “ciencia general del amor”
[4] Filósofo
español. Hace referencia a la naturaleza humana en: El cuerpo humano. Teoría
actual, Cuerpo y alma. Estructura dinámica del cuerpo humano, Alma, cuerpo,
persona y ¿Qué es el hombre?
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