Sta. Teresa de Jesús refiere siete niveles, "Siete Moradas", en el camino de oración que es para ella la "historia de amistad con Dios", que van desde la conversión inicial en que comienza el trato con Dios, pasando por la oración de unión en la que la voluntad del orante y la de Dios son una sola, y culminando en el matrimonio espiritual, o sea, la unión total del alma con Dios, que bien la describe San Pablo[1].
Estos niveles que Sta. Teresa distingue y que varían según haya mayor, menor o
ninguna intervención de las potencias
del alma (voluntad, entendimiento y memoria).
Comienza con una metáfora que explica
sus dos títulos[2]
Moradas
primeras: Trato inicial con Dios
Trata de la belleza y dignidad de nuestras
almas. Pone una comparación para un mejor entendimiento, y dice la ganancia que
es entenderla y saber los dones que recibimos de Dios. Cómo la puerta de este
castillo es la oración. Trata de lo horrible que es un alma que está en pecado
mortal y cómo quiso Dios dar a entender algo de esto a una persona. Trata también
sobre el propio conocimiento.
Moradas
segundas: Oración de recogimiento
Habla de lo mucho que importa la
perseverancia para llegar a las anteriores moradas, y la gran lucha contra el demonio,
y cuánto conviene no estropear el camino al principio.
Moradas
terceras: Oración de quietud
Trata de la poca seguridad que podemos
tener mientras se vive en este camino, aunque el estado sea intenso, y cómo
conviene andar con temor. Prosigue con de las sequedades en la oración y de lo
que podría suceder, y cómo es necesario probarnos y como lo hace el Señor a los
que están en estas moradas.
Moradas cuartas: Sosiego de potencias
Trata de la diferencia que hay en la
oración y de gustos, y dice que el satisfecho le dio entender que es algo
diferente el pensamiento y el entendimiento. Prosigue en lo mismo y declara por
una comparación qué son los gustos y cómo se han de alcanzar no procurándolos. Explica
qué es la oración de recogimiento, y que la mayor parte la da el Señor antes de
esta. Dice sus efectos y los que quedan de la pasada que trató, de los gustos
que da el Señor.
Moradas
quintas: Oración de unión
Comienza a tratar cómo en la oración se
une el ama con Dios. Dice en qué se conocerá no ser engaño. Prosigue en lo
mismo. Declara la oración de unión por una comparación delicada. Dice los
efectos con que queda el alma. Es muy de notar; lo que importa para esto el
amor del prójimo, lo mucho que importa andar con aviso, porque el demonio le
trae grande para hacer tornar atrás de lo comenzado.
Moradas sextas: Desposorio espiritual
Trata de algunas maneras con que
despierta nuestro Señor al alma, la manera que habla Dios al alma cuando es
servido, de cuando suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o
éxtasis o rapto, de cómo se comunica Dios al alma por visión intelectual e
imaginaria y unos deseos tan grandes e impetuosos que da Dios al alma de
gozarle, que ponen en peligro de perder la vida.
Moradas séptimas: Matrimonio espiritual
Dice cómo, a su parecer, hay diferencia alguna
del alma al espíritu, aunque es todo uno. Habla sobre la diferencia que hay de
unión espiritual a matrimonio espiritual y los grandes efectos que causa esta oración.
San Rafael Kalinowski:
El mundo me puede privar de todo pero
siempre me quedará un lugar escondido que le será inaccesible: ¡La oración! En
ella, podemos recibir el pasado, el presente y el porvenir y ponerlos en el
signo y plano de la esperanza. Oh Dios, que gran tesoro das a aquellos que
esperan en Ti. »
Citas de la Santa:
“Si en medio de las adversidades
persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.”
“Es para mí una alegría oír sonar el
reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de
Dios.”
[2] – “.… considerar nuestra alma como un castillo
todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como
en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todas éstas tiene la
más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el
alma… la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no
digo más mental que vocal; que como sea oración, ha de ser con consideración;
porque no advierte con quien habla y lo que pide y quien es quien pide y a quien,
no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios…”
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