En este sitio, responderé a todas vuestras dudas sobre Santa Teresa, cómo hacer un trabajo, o cualquier pregunta que os surja sobre el blog.
Agradezco vuestras aportaciones
domingo, 18 de enero de 2015
Preparamos el segundo Trimestre
Ya estamos de nuevo trabajando, leyendo artículos, escuchando entrevistas de expertos, buscando información por otros blogs, seleccionándola... Y esperamos tenerlo todo listo para principios de marzo.
Este trimestre trataremos su versión más literaria.
Este trimestre trataremos su versión más literaria.
Presentación 1er Trimestre
Os dejo la presentación prezi que realizamos, y que resume perfectamente nuestra búsqueda y extracción de conclusiones en este 1er trimestre:
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Bibliografía 1er Trimestre
http://webcatolicodejavier.org/nadateturbe.html
http://www.homilia.org/oracion/8camOracionsegunStaTeresa.htm
http://www.homilia.org/oracion/4etapas.htm
http://tecnoiglesia.com/2013/02/la-oracion-de-que-manera-afecta-a-tu-dia/
https://prezi.com/g-7oc0jaea4k/san-juan-de-la-cruz-santa-teresa-de-jesus/
http://www.santateresadejesus.com/
http://www.spdd.org/
http://www.corazones.org/
Conclusión 1er Trimestre
Teresa ha probado el
amor, bueno, mejor dicho se ha enamorado platónicamente de Dios; del que habla
como un amigo o novio cercano y familiar.
A pesar de su familia católica, no le hizo ninguna gracia el entrar a un
convento a vivir temporalmente, pero supo esperar a que Dios intercediera por
ella, con paciencia, búsqueda, esmero y fe, muchísima fe. Sin embargo, en su
corazón hay una necesidad de amar muy difícil de expresar. Ha probado el amor
humano, pero ella quiere un amor para siempre y para esta determinada joven eso
significa un amor para toda la eternidad. Teresa comienza a estar cansada de
sus propias frivolidades. En el fondo es una mujer extremadamente exigente y
perfeccionista. Supo conectar con Dios mediante la oración, y sumergirse en
mundos jamás antes explorados en los que encontró a su amor platónico y con el
que conversaba constantemente. Ella quiso que los seres humanos en la Tierra
pudieran vivir y disfrutar de su experiencia, y para ello la escribió en
algunos libros y poemas (Las moradas/ Libro de su Vida).
Basó su creación poética y
literaria; así como la oración que es el tema al que realmente nos hemos
orientado, en el silencio, la soledad,
la humildad y la fe. Tuvo que llegar a la conclusión de que todo es nada para
encontrar la verdad, y para entender que ni toda su belleza, no toda su
inteligencia ni toda su riqueza podían compararse a la belleza, inteligencia,
riqueza y bondad de Dios.
Nos ha gustado mucho
realizar este trabajo de investigación, porque hemos aprendido a fondo la vida
de Santa Teresa de Jesús (nuestra fundadora), qué hizo ella para encontrar a
Dios, su experiencia espiritual, para aplicarlo en nuestros días y saber entenderlo
e incluso poner en práctica sus consejos sobre la oración y el modo de
entenderla: «tratar de amistad estando muchas veces
a solas con quien sabernos nos ama»
Oración teresiana: Sus consejos
Apagar
la televisión y desconectarse de internet y del móvil es un buen comienzo para
orar.
Orar
requiere, en primer lugar, buscar un lugar cómodo, silencioso, ordenado y tranquilo.
Buscamos un silencio exterior. No hace falta que sea absoluto y total, no es
necesario irse a la cumbre de una montaña, basta con un entorno tranquilo donde
pueda estar solo: una iglesia o su
cuarto, por ejemplo.
Podemos
comenzar rezando el Padre Nuestro u otra oración, pensando en lo que decimos,
muy despacio. En otros momentos podemos hablar con Dios como se habla con un
amigo, imaginándonoslo junto a nosotros.
A Dios Padre no podemos imaginarlo, pero sí a la imagen que hizo de sí
mismo, su Hijo.
Teresa
de Jesús lo dice así: “… que no es otra cosa oración mental – a mi parecer -,
sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos
nos ama.” (Vida 8,5).
La
oración puede quedarse aquí. No debe ser un acto egoísta que busque levantar el
espíritu a sentimientos místicos, ni una paz interior sobrenatural. Al
contrario, debemos acudir a la oración de manera humilde, con el corazón
abierto y desnudo.
Esta
primera etapa es la más difícil: por un lado nos cuesta encontrar el tiempo
dentro de nuestro día. Debemos tratar de buscar un momento y una duración
fijos. La oración requiere una disciplina, no es distinta en esto a aprender
inglés, a esquiar o a tocar la guitarra. “No tengo tiempo” significa “no
quiero, hay cosas más importantes”, todos tenemos las mismas horas en el día.
Por
otro lado debemos dejar de adorar a los ídolos de nuestro tiempo: las
atracciones del mundo y sus distracciones. Si no tomamos la iniciativa seremos
esclavos del mundo siempre. No debemos dejarnos influir por prejuicios e ideas
preconcebidas sobre la oración, no es sólo una cosa de monjas o de curas piadosos:
todos estamos llamados a la oración.
Si
logramos dar este primer paso; reservándonos un espacio y un tiempo a la
oración, debemos tratar a continuación de silenciar nuestra mente: nuestro
mundo sigue ahí dentro, y las preocupaciones que tenemos provocarán que nos
asalten continuas distracciones. Esto nos va a pasar siempre, al principio y
cuando llevemos mucho tiempo, pero no debemos dejar que las distracciones se
conviertan en las protagonistas.
Debemos
estar atentos a las distracciones, ellas reflejan donde está realmente nuestro
corazón, debemos despegarnos de ellas pero entender que son nuestras
inquietudes y apegos. El combate de la oración se vence cuando nuestras
preocupaciones tienen que ver con nuestra mejora espiritual; ayudar y servir a
los demás, pedir por ellos y por nosotros. Saber que queremos servir a Dios y
no al dinero.
De
la oración deben nacer buenas obras: “Para esto es la oración, hijas mías; de
esto sirve este matrimonio espiritual, de que nazcan siempre obras, obras”
(Moradas séptimas 4,6).
Pero
habrá momentos en que las palabras no ocupen el pensamiento. Como nos puede
pasar con un buen amigo, o con mi marido, mi madre o mi hija. A veces basta una
mirada, a veces nos ayuda que nos acompañen en silencio. Entender cosas sin
palabras, mirar a Jesús y sentirse mirado por Él: La oración es entonces
contemplativa.
En
cualquiera de las etapas salimos reforzados con buenas intenciones y virtudes
para nuestra vida cotidiana. Poco a poco, sin ser muy conscientes de ello,
vamos dejándonos hacer en nuestro interior, dejando nuestro orgullo y egoísmo,
ganando por ello en libertad de la buena, que no es hacer lo que me dé la gana,
sino liberarnos del pecado, ganar en humildad y entender mejor lo pequeños que
somos frente a Dios. Pequeños pero muy
queridos. Sentir, en último término, que estamos en manos de un Dios
todopoderoso que nos quiere.
Hay
que entender que la oración no es una evasión del mundo, sino beber de la
fuente que nos hará continuar mejor nuestro camino y nuestra vida, nos ayudará
a saber lo que debemos hacer y a hacerlo
bien.
Santa
Teresa nos lo dice así: “…En lo que está la suma perfección, claro está que no
es en regalos interiores ni en grandes arrobamientos ni visiones ni en espíritu
de profecía; sino en estar nuestra voluntad tan conforme con la de Dios, que
ninguna cosa entendamos que quiere, que no la queramos con toda nuestra
voluntad, y tan alegremente tomemos lo sabroso como lo amargo.” (Fundaciones
5,10)
En
cuanto a la duración pueden estar bien 5 minutos al día al principio. Para ir
subiendo a 15, y hasta 30. Los religiosos Carmelitas hacen una hora por la
mañana y otra por la tarde, pero no es razonable dedicar este tiempo si tenemos
un trabajo, familia y ocupaciones.
Respecto
a la postura debe ser cómoda pero respetuosa para con quien queremos hablar:
sentado, de pie, de rodillas. En principio no recostado ni tumbado, salvo
enfermedad o incapacidad.
Practica
pronto, no busques muchas explicaciones, hay muchos libros y manuales, pero
orar es como montar en bicicleta: el manual ayuda poco,… pero una vez que sabes
no se olvida nunca.
¡Ánimo!: Alguien muy importante te está
esperando hace tiempo.
La fe, la experiencia más bella
Para Teresa, la fe es el misterio de
Dios, que brilla en Jesucristo, se conserva en la Biblia, nos transmite la
Iglesia y germina en nosotros el Espíritu Santo.[1]
Es su misma espiritualidad, en cuanto a experiencia de alianza con Cristo
Resucitado, expresión de lo creado en su cumbre de belleza suprema, y acceso al
Dios trinitario.
Lo peculiar de Teresa en relación con
la fe se refiere a que para ella es algo que toca su ser en profundidad, no son
verdades abstractas, sino vitales.
Ella tuvo experiencias singulares de todas las verdades que proclama el credo cristiano.[2]
Fue llegando a ellas de forma progresiva, en un proceso de historia de
salvación. Percibió la verdad de Dios en un crecimiento humano-religioso,
dentro del ámbito que ella denomina oración [3]-tiempo
reservado a la relación con Dios-. Ahí principalmente le llegó a Teresa el
misterio de Dios. Y ahí su humanidad.
En ella como en una Tierra Santa, una
Nueva Jerusalén, Dios hizo su obra, volvió a renovar a su modo la historia de
salvación. Me atrevería a decir que en pocas personas se han desarrollado como
en ella los procesos bíblicos. Es algo que se puede percibir en sus obras, a
veces de forma clara y otras como un trasfondo o clamor, que sin explicitación
bíblica no se entendería. Teresa resultará así una pequeña Biblia.
Los primeros capítulos de su
autobiografía nos recuerdan los primeros de la Biblia cuando Dios todo lo hizo
bien y se paseaba con el hombre en el jardín. Pero también a Teresa le acechó
la tentación. La ciencia del bien y del mal la asaltó en las lecturas de libros
de caballerías (V 2,1), donde las fascinaciones vanas atrajeron su atención por
un momento, y Dios quedó un poco entenebrecido para ella por el humo de lo
caduco.[4]
Y también ella sufrió la expulsión del Paraíso (V 2,7-8). Y allí, fuera de su
hogar, comienza a reflexionar sobre el misterio
de Dios, que ahora le llega a través del evangelio de Jesús (V 3,1ss); y
comienza a plantearse a fondo el sentido de la vida. Precisamente uno de los
elementos de la fe es abrir para el hombre nuevas perspectivas y obligarlo a
nuevos interrogantes. Teresa decide guiarse por la fe, pero todavía no sabe qué
vocación seguir. Y así también experimenta ella el duro bregar del retorno al
paraíso, elemento clave del dinamismo de la fe.
Una inesperada, pero providencial
enfermedad, la obliga a emprender un viaje, y Teresa se pone así en camino como
Israel, ese pueblo que descubrió a Dios en ellos. No en vano, el padre de
todos, Abraham, era un arameo errante. También Teresa, de ascendencia judía,
sería una mujer errante, y descubriría a Dios en los caminos. Ahora en éste y
después en otros muchos. Quién se podría imaginar, que la mujer que mejor ha
descrito el mundo interior, lo encontrara principalmente en los avatares de la
vida. Es que para el hombre espiritual no hay interior ni exterior, sólo existe
Dios, que da vida y sentido a todo.
Relación entre amistad y paz
Una de las cosas que la gente necesita
y desea es la Paz Interior. Esta
necesidad es tan fuerte, que hace que la gente trate las cosas más extrañas
para obtenerla. La falta de Paz viene del miedo,
culpa y el sentimiento de no sentirse amado. Ninguna de estas tres puede
curarse con las cosas que tenemos, o podemos tener en esta vida, ya que están
basadas en nuestra relación con Dios, lo cual incluye nuestra fe en Él. Para
obtener la Paz, debes reconciliarte con Dios.
Tú debes aceptar a Jesucristo como tu
Salvador Personal. Él dijo: "Venid a mi todos los que estéis trabajados y
cargados que yo os haré descansar, llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de
mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras
almas"[1]
Todos conocemos el poemilla de Santa
Teresa de Jesús (Nada te turbe, nade te espante…)[2] y muchos saben que lo llevaba manuscrito en
un trozo de papel para señalar las páginas de su breviario. En esta oración,
santa Teresa «nos» habla (es decir, nos transmite una enseñanza) pero, ante
todo, «se» habla a sí misma (realiza una reflexión personal, una oración que le
sale del alma). Pero es necesario recordar las palabras de Jesús en cada
momento, por eso ella se dice a sí misma: «Teresa, que nada te turbe, que nada
te espante… Solo Dios te basta». Sí, en Él está todo lo que ansía tu corazón,
todo lo demás es secundario. Cada vez que tenía una contradicción, se lo
repetía interiormente y encontraba fuerza en este convencimiento, que heredó de
san Pablo[3]:
«Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?»[4].
Como Teresa misma dice en otro lugar: «Vos sois el amigo verdadero [...]. ¡Qué
fiel sois, Señor, a vuestros amigos! Todas las cosas faltan; Vos, Señor de
todas ellas, nunca faltáis. [...] Levántense contra mí todos los letrados,
persíganme todas las cosas criadas, atorméntenme los demonios, pero no me
faltéis Vos, Señor, que ya tengo experiencia de la ganancia con que sacáis a
quien solo en Vos confía».[5]
Esta oración íntima de Teresa sirve
para cada uno de nosotros. Yo también puedo decir: «Eduardo, que nada te turbe,
que nada te espante… Solo Dios te basta. Él es tu amigo verdadero. Pon en Él tu
confianza, que nunca te fallará».
[1]
Biblia católica: Mateo 11:28-29
[2]
La eficiencia de la paciencia. Siglo XVI
[3]
Conocido como el Apóstol de los gentiles, el Apóstol de las naciones, o
simplemente el Apóstol, y constituye una de las personalidades señeras del
cristianismo primitivo.
[4]
Rom.8:31-32
[5] Teresa
de Jesús, Vida 25: 17
Los caminos de la oración
Amistad con Dios
La
Oración, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y "tratar
de amistad" y "tratar a solas" implica buscar estar a solas con
Aquél que "sabemos nos ama".
"No
es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces
tratando a solas con quien sabemos nos ama".
Interiorización
"Tratar
a solas" es indicativo de búsqueda de soledad y de silencio, para poder
estar con el Amigo. "Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la
oración", dice la Santa.. Y, apoyándose en el Evangelio nos recuerda:
"Ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas, que así lo hacía El
siempre que oraba".[1]
Orar
no es tanto hablar nosotros a Dios, sino guardar silencio ante El: abrirle la
puerta para que El se comunique a nosotros desde nuestro interior.
Santa
Teresa describe ese camino de interiorización en su obra "Las
Moradas" o "Castillo Interior", y en ella compara al alma con un
castillo que tiene muchos aposentos o Moradas,
Purificación
Santa
Teresa nos dice que "Dios no se da a Sí del todo, hasta que no nos damos
del todo". Así que si queremos que el Señor se apodere de nosotros con la
Oración de Quietud y de Unión, debemos darnos por entero a Él.
Y
en esta donación total, nuestro peor enemigo es nuestro "yo". Dice la
Santa que "no hay peor ladrón" que "nosotros mismos". Se
refiere a las tendencias egoístas que tenemos que combatir, pues impiden
nuestra libertad espiritual. Hay que mirar por encima de nuestros conceptos
humanos, por buenos que puedan parecer, y atender a la Voluntad de Dios antes
que a la nuestra[2].
Si
el Señor nos envía algo de sufrir, según Santa Teresa, eso es prenda de Su
predilección. Jesús pasó por ese camino, siendo "Su Hijo Amado"[3].
San Pablo nos lo advierte[4].
La actitud de Teresa de total entrega a la Voluntad de Dios, no importa lo que
Dios pida, no importa lo que Dios mande, viene mejor expresada en este poema,
del cual hemos extraído algunas estrofas:
Transformación
La
Oración es transformante: si no cambia nuestra forma de ser, nuestro modo de
vivir, nuestros valores, no está siendo provechosa, pues ORAR ES CAMBIAR DE
VIDA. Teresa de Jesús nos dice que es esencial la práctica de la virtud, pues
es imposible ser contemplativo sin tener virtudes y que "es menester no
sólo orar, porque si no procuráis virtudes, os quedaréis enanas". Tan
importante es para Santa Teresa el crecimiento de las virtudes, que ha llegado
a decir: "Yo no desearía otra oración, sino la que me hiciese crecer las
virtudes". Y también: "Si (la oración) es con grandes tentaciones y
sequedades y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto tendría por
buena oración".
La
mejor oración, entonces, será la que más cambie nuestra vida, la que más nos
lleva a imitar a Cristo, la que más no haga crecer en los "frutos del Espíritu”.[5]
Paz
Una
persona totalmente entregada a la Voluntad de Dios, no puede sino vivir en paz,
que es uno de los frutos del Espíritu. No importa cuál sea la situación, propia
o de nuestros hijos o familiares, si estamos entregados a Dios, si estamos en
Sus Manos, estaremos en paz.
"Señor:
Tu nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú"[6].
San Pablo corrobora esto[7].
Y Santa Teresa sintetiza la Oración como Camino de Paz en su breve poema: “Nada
te turbe”.
Servicio al prójimo
Las gracias místicas, aún las más
elevadas, no son un regalo de Dios sólo para que el alma las disfrute, sino que
son para fortalecerla, hacerla generosa y animarla a servir a los demás.
Para ayudar en el servicio al prójimo,
en algún momento en la vida de oración, pueden comenzar a surgir en algunos
orantes -como un auxilio especialísimo del Señor- los CARISMAS O DONES
CARISMATICOS, llamados por los Místicos Gracias Extraordinarias, que son dados
para utilidad de la comunidad, pues su manifestación está dirigida hacia la edificación
de la fe y como auxilio a la evangelización y como un servicio a los demás, tal
como lo indica San Pablo:
“En cada uno el Espíritu revela su
presencia con un don que es también un servicio. A uno se le da hablar con
sabiduría, por obra del Espíritu. Otro comunica enseñanzas conformes con el
mismo Espíritu. Otro recibe el don de la fe, en que actúa el Espíritu. Otro
recibe el don de hacer curaciones, y es el mismo Espíritu. Otro hace milagros;
otro es profeta; otro conoce lo que viene del bueno o del mal espíritu; otro
habla en lenguas, y otro todavía interpreta lo que se dijo en lenguas. Y todo
esto es obra del mismo y único Espíritu, el cual reparte a cada uno según
quiere”.[8]
En cuanto a los Carismas o Gracias
Extraordinarias, hay que tener muy presente otro consejo de San Pablo: “No
apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y
quédense con lo bueno”.[9]
[2] –"Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no
son Mis Caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, Mis Caminos son más
altos que los vuestros; Mis Planes que vuestros planes"(Is. 55, 8-9).
[3] (Lc.4, 17).
[4] –"A nivel humano uno no capta lo que es propio
del Espíritu de Dios, le parece locura; no es capaz de percibirlo, porque sólo
se puede juzgar con el criterio del Espíritu" (1ª Cor. 2, 12).
[5] Refiere San Pablo en su carta a los Gálatas (5, 22).
[9] (1a. Tes. 5, 19-21).
La amistad teresiana
Una de las claves principales para entrar en el universo teresiano es la amistad.
La extremada capacidad de relación de Teresa, su ingenio para comunicarse y
recibir al otro, su capacidad de adaptación y de atención… hace de ella una
mujer especialmente dotada para la amistad.
Cuando empezó a hablar de oración
cristiana, no habló de otra cosa: orar
es tratar de amistad con quien sabemos nos ama, estando muchas veces a
solas tratando con Él. Se trata de vivir en relación, de crecer en amistad,
como dicen Fray Cristian Chacón y Fray Albert Marchán[1]:
“Nuestra vida está orientada a Dios, y
realmente lo buscamos; pero de nuestra parte está rechazarlo o amarlo”.
Teresa entendió algo que Juan de la Cruz[2] expresó muy bien:
que hay que ir con todo a Dios, sin dejar nada de lo que constituye como ser
humano a la persona. Comprendió que el acceso a Dios se hace
a través de la propia humanidad, que implica también la humanidad de los
semejantes; y a través de la Otra Humanidad, la de Jesucristo, como acceso
íntimo, veraz e inmediato a Dios. Y, en todos los casos, la relación de amistad
aparece como un tejido que hace posible ese acceso
Un largo camino de amistades dibuja la
vida de Teresa. Hubo seglares –mujeres y hombres–, hubo monjas, curas y
religiosos. Gentes de negocios, de la nobleza, de extracción humilde. Algunas
de estas amistades fueron, con sus palabras, querer es de por acá desastrados.
Unas relaciones la pillaron desubicaron
de sí misma, le hicieron perder pie en la vida. Otras le ayudaron a dar forma a
su personalidad, a avanzar en el propio camino y a dar lo mejor de sí. Amistad
como revelación de la propia verdad, que solo se descubre plenamente en
relación, porque no hay quien tan bien se conozca a sí mismo como conocen los
que nos miran con amor.
Laín
Entralgo[3] definió la amistad como «una comunicación amorosa entre dos personas,
en la cual, para el mutuo bien de ambas, y a través de dos modos singulares de
ser hombre, se realiza y perfecciona la naturaleza humana».
Una definición muy próxima a la de
Teresa que, cuando habla de amistad, se refiere a una manera de amar. Hay una
experiencia que la transforma completamente y la resitúa en su forma de vivir
cada amistad: el encuentro con Jesucristo. La pasión de su personalidad no se
diluye ni disminuye, pero queda redefinida. A partir de ahí, la verdad y el
bien mutuo quedan por encima de todo. Y con una dirección muy clara: crecer.
Como diría Entralgo[4]: perfeccionar la naturaleza humana.
Nuestra conclusión pues, como decía Cicerón: “el mundo en que vivimos se
halla menesteroso de amistad. Y ahora, sobre todo, necesitado de saber cómo
conservarla.”
[1]
Frailes estudiantes de teología en el seminario de San Juan de la Cruz de
Sudamérica, declarando en un programa de radio latino.
[2]
Ibíd. Pág. 101
[3]
En un ensayo introductorio a las Meditaciones del Quijote (1914), en el que
define la filosofía como la “ciencia general del amor”
[4] Filósofo
español. Hace referencia a la naturaleza humana en: El cuerpo humano. Teoría
actual, Cuerpo y alma. Estructura dinámica del cuerpo humano, Alma, cuerpo,
persona y ¿Qué es el hombre?
Cómo nos afecta la oración
Cuando pones en práctica con fe la oración, como nos dice en las Escrituras en Hebreos 11:6 “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan”. Ten la seguridad que tu día cambiará, y según como ores, eso hará la diferencia entre un buen o mal día.
Por ejemplo:
Hoy tu día está por comenzar, te
despiertas y levantas, y te preparas para a ir a la escuela o a trabajar, pero
¿sabes cómo todo transcurrirá?
Hubo un testimonio de un pastor que
impactó mi vida, él vive en el norte del país, y tú sabes que la inseguridad y
la violencia por esas regiones están a la orden del día.
Él se disponía a trabajar, y como cada
mañana antes de salir, dobló su rodilla a Dios, pero esta vez su oración, sin
saber por qué, sería diferente. De pronto vino a su memoria esta siguiente cita
y oró conforme a esta palabra de Isaías 54:17 “Ningún arma forjada contra ti
prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio”. Sin
saber que sucedería, después que declaró esta palabra con fe, Dios lo libró de
la muerte cuando de pronto se encontró en medio de un tiroteo. ¿Qué tremendo no
crees? ¿Qué hubiera sucedido si él no hubiera orado de ésta manera?
Que importante es, que lo primero en tu
día sea buscar la Presencia de Dios y pedirle al Espíritu Santo, tu amigo, que
vaya contigo; y segundo, que tu oración no la hagas por hacerla, sino que
cuando te acerques con el Padre, creas en tu corazón lo que estás pidiendo,
pues con eso pudiera ser que estés librando tu vida de algo terrible, aún sin
darte cuenta, o hagas que tus decisiones tomen el rumbo adecuado.
Cuando oramos, afirmamos nuestra fe,
confirmamos lo que somos en Cristo, reconociendo nuestra necesidad de él. Los
resultados: una paz que sobrepasa todo entendimiento, su protección y
bendición, y una gratitud por su fidelidad y gran amor.
Cómo evoluciona la oración de Santa Teresa
Sta. Teresa de Jesús refiere siete niveles, "Siete Moradas", en el camino de oración que es para ella la "historia de amistad con Dios", que van desde la conversión inicial en que comienza el trato con Dios, pasando por la oración de unión en la que la voluntad del orante y la de Dios son una sola, y culminando en el matrimonio espiritual, o sea, la unión total del alma con Dios, que bien la describe San Pablo[1].
Estos niveles que Sta. Teresa distingue y que varían según haya mayor, menor o
ninguna intervención de las potencias
del alma (voluntad, entendimiento y memoria).
Comienza con una metáfora que explica
sus dos títulos[2]
Moradas
primeras: Trato inicial con Dios
Trata de la belleza y dignidad de nuestras
almas. Pone una comparación para un mejor entendimiento, y dice la ganancia que
es entenderla y saber los dones que recibimos de Dios. Cómo la puerta de este
castillo es la oración. Trata de lo horrible que es un alma que está en pecado
mortal y cómo quiso Dios dar a entender algo de esto a una persona. Trata también
sobre el propio conocimiento.
Moradas
segundas: Oración de recogimiento
Habla de lo mucho que importa la
perseverancia para llegar a las anteriores moradas, y la gran lucha contra el demonio,
y cuánto conviene no estropear el camino al principio.
Moradas
terceras: Oración de quietud
Trata de la poca seguridad que podemos
tener mientras se vive en este camino, aunque el estado sea intenso, y cómo
conviene andar con temor. Prosigue con de las sequedades en la oración y de lo
que podría suceder, y cómo es necesario probarnos y como lo hace el Señor a los
que están en estas moradas.
Moradas cuartas: Sosiego de potencias
Trata de la diferencia que hay en la
oración y de gustos, y dice que el satisfecho le dio entender que es algo
diferente el pensamiento y el entendimiento. Prosigue en lo mismo y declara por
una comparación qué son los gustos y cómo se han de alcanzar no procurándolos. Explica
qué es la oración de recogimiento, y que la mayor parte la da el Señor antes de
esta. Dice sus efectos y los que quedan de la pasada que trató, de los gustos
que da el Señor.
Moradas
quintas: Oración de unión
Comienza a tratar cómo en la oración se
une el ama con Dios. Dice en qué se conocerá no ser engaño. Prosigue en lo
mismo. Declara la oración de unión por una comparación delicada. Dice los
efectos con que queda el alma. Es muy de notar; lo que importa para esto el
amor del prójimo, lo mucho que importa andar con aviso, porque el demonio le
trae grande para hacer tornar atrás de lo comenzado.
Moradas sextas: Desposorio espiritual
Trata de algunas maneras con que
despierta nuestro Señor al alma, la manera que habla Dios al alma cuando es
servido, de cuando suspende Dios el alma en la oración con arrobamiento o
éxtasis o rapto, de cómo se comunica Dios al alma por visión intelectual e
imaginaria y unos deseos tan grandes e impetuosos que da Dios al alma de
gozarle, que ponen en peligro de perder la vida.
Moradas séptimas: Matrimonio espiritual
Dice cómo, a su parecer, hay diferencia alguna
del alma al espíritu, aunque es todo uno. Habla sobre la diferencia que hay de
unión espiritual a matrimonio espiritual y los grandes efectos que causa esta oración.
San Rafael Kalinowski:
El mundo me puede privar de todo pero
siempre me quedará un lugar escondido que le será inaccesible: ¡La oración! En
ella, podemos recibir el pasado, el presente y el porvenir y ponerlos en el
signo y plano de la esperanza. Oh Dios, que gran tesoro das a aquellos que
esperan en Ti. »
Citas de la Santa:
“Si en medio de las adversidades
persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.”
“Es para mí una alegría oír sonar el
reloj: veo transcurrida una hora de mi vida y me creo un poco más cerca de
Dios.”
[2] – “.… considerar nuestra alma como un castillo
todo de un diamante o muy claro cristal adonde hay muchos aposentos, así como
en el cielo hay muchas moradas…y en el centro y mitad de todas éstas tiene la
más principal, que es adonde pasan las cosas de mucho secreto entre Dios y el
alma… la puerta para entrar en este castillo es la oración y consideración, no
digo más mental que vocal; que como sea oración, ha de ser con consideración;
porque no advierte con quien habla y lo que pide y quien es quien pide y a quien,
no la llamo yo oración, aunque mucho menee los labios…”
¿Cuál es la experiencia de oración de Santa Teresa?
La Santa transitó también el camino de la oración, que definió bellamente como un «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabernos nos ama».[1]
Cuando los tiempos son “recios”, son necesarios «amigos fuertes de Dios» para
sostener a los flojos.[2]
Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de
aislarse, sino de avanzar en una amistad que crece cuanto más se trata al
Señor. Para orar «no está la cosa en pensar mucho sino en amar mucho»[3]
, “en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y
sufrirnos pacientemente”.[4]
Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es
el «camino seguro».[5]Dejarla
es perderse.[6]
Estos consejos de la Santa son de perenne
actualidad. ¡Vayan adelante, por el camino de la oración, con determinación,
sin detenerse, hasta el fin![7]
La experiencia viva del misterio de
Cristo esta en el centro de la experiencia oracional de Santa Teresa. Él, Dios
y hombre verdadero llena con su presencia toda la vida de la Santa y es la
clave de interpretación de sus escritos. Jesucristo precede su oración, ya que
para tener un interlocutor de su diálogo de amistad, Teresa ha tenido necesidad
de encontrarse con el Señor que le brindaba su amistad.
La presencia del Señor sigue también a
su oración, ya que la amistad engendra una compañía, unos compromisos de
seguimiento y unas actitudes de imitación. A través de la oración como
experiencia de la amistad con Cristo, Teresa ha releído todo el Evangelio y ha
entrado de lleno en la revelación
bíblica. Su vida se ha convertido en una vida en Cristo.
Cada orante tiene su propio camino en
la oración. Sin embargo la experiencia de los demás nos puede ayudar y ser una
inspiración. Desde el principio sería muy aconsejable tener en cuenta la
orientación teresiana[8].
Este es el camino interior de Teresa de
Jesús: oración espontánea, difícil y
mística. Este es el camino de todo creyente. La experiencia de Teresa nos
puede servir de orientación y de inspiración en nuestra propia andadura. Es
necesario que alguien nos introduzca en su mundo interior para que podamos
atisbar algo de lo que nos decía el Salmista: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.[9]
[1] Santa Teresa. Vida 8:5
[2] Santa Teresa. Vida 15:5
[3] Moradas IV: 1,7
[5] Santa Teresa. Vida 213
[6] cf. Vida19,6
[7] Mensaje de Jorge Mario Bergoglio
(Papa Francisco) recientemente, con motivo del V centenario del nacimiento de
Santa Teresa.
[8] – “No es mi intención ni pensamiento que será acertado
lo que yo dijere aquí que se tenga por regla infalible, que sería desatino en
cosas tan dificultosas. Como hay muchos caminos en este camino del espíritu,
podrá ser acierte a decir de alguno de ellos algún punto” (F 5,1).
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