Amistad con Dios
La
Oración, entonces, es tratar como un Amigo a Aquél que nos ama. Y "tratar
de amistad" y "tratar a solas" implica buscar estar a solas con
Aquél que "sabemos nos ama".
"No
es otra cosa oración mental, sino tratar de amistad, estando muchas veces
tratando a solas con quien sabemos nos ama".
Interiorización
"Tratar
a solas" es indicativo de búsqueda de soledad y de silencio, para poder
estar con el Amigo. "Acostumbrarse a la soledad es gran cosa para la
oración", dice la Santa.. Y, apoyándose en el Evangelio nos recuerda:
"Ya sabéis que enseña Su Majestad que sea a solas, que así lo hacía El
siempre que oraba".[1]
Orar
no es tanto hablar nosotros a Dios, sino guardar silencio ante El: abrirle la
puerta para que El se comunique a nosotros desde nuestro interior.
Santa
Teresa describe ese camino de interiorización en su obra "Las
Moradas" o "Castillo Interior", y en ella compara al alma con un
castillo que tiene muchos aposentos o Moradas,
Purificación
Santa
Teresa nos dice que "Dios no se da a Sí del todo, hasta que no nos damos
del todo". Así que si queremos que el Señor se apodere de nosotros con la
Oración de Quietud y de Unión, debemos darnos por entero a Él.
Y
en esta donación total, nuestro peor enemigo es nuestro "yo". Dice la
Santa que "no hay peor ladrón" que "nosotros mismos". Se
refiere a las tendencias egoístas que tenemos que combatir, pues impiden
nuestra libertad espiritual. Hay que mirar por encima de nuestros conceptos
humanos, por buenos que puedan parecer, y atender a la Voluntad de Dios antes
que a la nuestra[2].
Si
el Señor nos envía algo de sufrir, según Santa Teresa, eso es prenda de Su
predilección. Jesús pasó por ese camino, siendo "Su Hijo Amado"[3].
San Pablo nos lo advierte[4].
La actitud de Teresa de total entrega a la Voluntad de Dios, no importa lo que
Dios pida, no importa lo que Dios mande, viene mejor expresada en este poema,
del cual hemos extraído algunas estrofas:
Transformación
La
Oración es transformante: si no cambia nuestra forma de ser, nuestro modo de
vivir, nuestros valores, no está siendo provechosa, pues ORAR ES CAMBIAR DE
VIDA. Teresa de Jesús nos dice que es esencial la práctica de la virtud, pues
es imposible ser contemplativo sin tener virtudes y que "es menester no
sólo orar, porque si no procuráis virtudes, os quedaréis enanas". Tan
importante es para Santa Teresa el crecimiento de las virtudes, que ha llegado
a decir: "Yo no desearía otra oración, sino la que me hiciese crecer las
virtudes". Y también: "Si (la oración) es con grandes tentaciones y
sequedades y tribulaciones, y esto me dejase más humilde, esto tendría por
buena oración".
La
mejor oración, entonces, será la que más cambie nuestra vida, la que más nos
lleva a imitar a Cristo, la que más no haga crecer en los "frutos del Espíritu”.[5]
Paz
Una
persona totalmente entregada a la Voluntad de Dios, no puede sino vivir en paz,
que es uno de los frutos del Espíritu. No importa cuál sea la situación, propia
o de nuestros hijos o familiares, si estamos entregados a Dios, si estamos en
Sus Manos, estaremos en paz.
"Señor:
Tu nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú"[6].
San Pablo corrobora esto[7].
Y Santa Teresa sintetiza la Oración como Camino de Paz en su breve poema: “Nada
te turbe”.
Servicio al prójimo
Las gracias místicas, aún las más
elevadas, no son un regalo de Dios sólo para que el alma las disfrute, sino que
son para fortalecerla, hacerla generosa y animarla a servir a los demás.
Para ayudar en el servicio al prójimo,
en algún momento en la vida de oración, pueden comenzar a surgir en algunos
orantes -como un auxilio especialísimo del Señor- los CARISMAS O DONES
CARISMATICOS, llamados por los Místicos Gracias Extraordinarias, que son dados
para utilidad de la comunidad, pues su manifestación está dirigida hacia la edificación
de la fe y como auxilio a la evangelización y como un servicio a los demás, tal
como lo indica San Pablo:
“En cada uno el Espíritu revela su
presencia con un don que es también un servicio. A uno se le da hablar con
sabiduría, por obra del Espíritu. Otro comunica enseñanzas conformes con el
mismo Espíritu. Otro recibe el don de la fe, en que actúa el Espíritu. Otro
recibe el don de hacer curaciones, y es el mismo Espíritu. Otro hace milagros;
otro es profeta; otro conoce lo que viene del bueno o del mal espíritu; otro
habla en lenguas, y otro todavía interpreta lo que se dijo en lenguas. Y todo
esto es obra del mismo y único Espíritu, el cual reparte a cada uno según
quiere”.[8]
En cuanto a los Carismas o Gracias
Extraordinarias, hay que tener muy presente otro consejo de San Pablo: “No
apaguen el Espíritu, no desprecien lo que dicen los profetas. Examínenlo todo y
quédense con lo bueno”.[9]
[2] –"Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no
son Mis Caminos. Como el cielo es más alto que la tierra, Mis Caminos son más
altos que los vuestros; Mis Planes que vuestros planes"(Is. 55, 8-9).
[3] (Lc.4, 17).
[4] –"A nivel humano uno no capta lo que es propio
del Espíritu de Dios, le parece locura; no es capaz de percibirlo, porque sólo
se puede juzgar con el criterio del Espíritu" (1ª Cor. 2, 12).
[5] Refiere San Pablo en su carta a los Gálatas (5, 22).
[9] (1a. Tes. 5, 19-21).

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