Teresa ha probado el
amor, bueno, mejor dicho se ha enamorado platónicamente de Dios; del que habla
como un amigo o novio cercano y familiar.
A pesar de su familia católica, no le hizo ninguna gracia el entrar a un
convento a vivir temporalmente, pero supo esperar a que Dios intercediera por
ella, con paciencia, búsqueda, esmero y fe, muchísima fe. Sin embargo, en su
corazón hay una necesidad de amar muy difícil de expresar. Ha probado el amor
humano, pero ella quiere un amor para siempre y para esta determinada joven eso
significa un amor para toda la eternidad. Teresa comienza a estar cansada de
sus propias frivolidades. En el fondo es una mujer extremadamente exigente y
perfeccionista. Supo conectar con Dios mediante la oración, y sumergirse en
mundos jamás antes explorados en los que encontró a su amor platónico y con el
que conversaba constantemente. Ella quiso que los seres humanos en la Tierra
pudieran vivir y disfrutar de su experiencia, y para ello la escribió en
algunos libros y poemas (Las moradas/ Libro de su Vida).
Basó su creación poética y
literaria; así como la oración que es el tema al que realmente nos hemos
orientado, en el silencio, la soledad,
la humildad y la fe. Tuvo que llegar a la conclusión de que todo es nada para
encontrar la verdad, y para entender que ni toda su belleza, no toda su
inteligencia ni toda su riqueza podían compararse a la belleza, inteligencia,
riqueza y bondad de Dios.
Nos ha gustado mucho
realizar este trabajo de investigación, porque hemos aprendido a fondo la vida
de Santa Teresa de Jesús (nuestra fundadora), qué hizo ella para encontrar a
Dios, su experiencia espiritual, para aplicarlo en nuestros días y saber entenderlo
e incluso poner en práctica sus consejos sobre la oración y el modo de
entenderla: «tratar de amistad estando muchas veces
a solas con quien sabernos nos ama»
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