Su corazón inquieto interpretó varios acontecimientos como llamadas personales de Dios.
En cierta ocasión, cuando estaba atendiendo a una visita, sintió
que el Señor la miraba enfadado. Otra vez le hizo reflexionar la presencia de
un sapo de gran tamaño en el locutorio. En algunos sermones le parecía que el
Señor la llamaba a grandes voces. Cierto día, al entrar en su oratorio y ver
allí la imagen de «un Cristo muy llagado», se siente dolorida por lo mal que ha
pagado tanto amor y, entre lágrimas, le suplica fortaleza para no ofenderle más.
Poco tiempo después se siente interpelada por las «Confesiones» de S. Agustín.[1]
«En especial, después de estas dos veces de tan gran compunción comencé más a
darme a la oración... y fueron creciendo las mercedes espirituales... Me venía
un sentimiento de la presencia de Dios, que en ninguna manera podía dudar que
estaba dentro de mí y yo toda engolfada en él».
Estamos en 1554. Teresa tenía 39 años y
se dispone a comenzar una nueva etapa de su vida. De hecho, cuando cuenta su
historia, se siente obligada a hacer un gran paréntesis aquí, para
introducirnos unas reflexiones sobre la
oración, que nos ayuden a comprender lo que vendrá después. Al retomar el relato,
dirá: «Es otro libro nuevo de aquí
adelante, digo otra vida nueva»[2]
No corrían buenos tiempos para los
espirituales. El Cardenal Cisneros[3],
regente a la muerte de los reyes Católicos, había iniciado un amplio movimiento
renovador en toda España, fundando universidades, reformando conventos,
favoreciendo el estudio de los idiomas bíblicos y de la Teología, multiplicando
la publicación de libros en latín… Carlos I[4]
y su corte de flamencos no simpatizaron con Cisneros, ni con sus consejos, ni
con sus maneras de hacer. La Reforma Protestante y las guerras de religión
dividieron Europa y todo lo que sonara a interioridad era investigado por los
tribunales de la Inquisición. El
nuevo inquisidor general, Francisco Valdés y su terrible consejero, el Teólogo
escolástico Melchor Cano, llenaron las cárceles con los discípulos de Cisneros,
con los erasmistas, con los alumbrados... Incluso fueron condenados el
ex-secretario de Cisneros, el Obispo de Verisa, Juan de Cazalla y hasta el
Arzobispo de Toledo y Primado de España, Bartolomé de Carranza, por atreverse a
escribir cosas como ésta: «No hay que maravillarse de que Dios quiera
comunicarse a las mujeres y a los labriegos antes que a los letrados».
Incluyen, uno tras otro, todos los libros que tratan de espiritualidad en el
Índice de libros prohibidos (sólo en 1551 publican 4 Índices). Muy poco
después, en 1559, Felipe II obliga a regresar a todos los españoles que
estudian o enseñan en el extranjero, se prohíbe introducir en España libros
publicados fuera de sus fronteras y traducir al español libros escritos en
otros idiomas, incluso harán quemar las obras de Sto. Tomás de Villanueva, S.
Francisco de Borja, S. Juan de Ávila[5],
Fray Luis de Granada, y todos los libros que ella había devorado con ansias de
aprender y había recomendado a tantas otras personas. No es extraño el miedo
que surge en los confesores de Teresa cuando les habla de su oración, hasta
llegar un momento en que ningún sacerdote de Ávila quiere aconsejarla. Este
clima envenenado explica las continuas contradicciones de los años posteriores:
denuncias a la Inquisición, secuestro del libro de la Vida, castigos,
persecuciones... Y el descanso que supuso para la Santa poder exclamar, antes
de fallecer: «Muero, al fin, hija de la
Iglesia».
[1]E l "Doctor de la Gracia"
fue el máximo pensador del cristianismo del primer milenio y según Antonio Livi
uno de los más grandes genios de la humanidad.
[2] Santa Teresa Verdades
23:1.
[3] Cardenal, arzobispo de Toledo y primado de España,
perteneciente a la Orden Franciscana, tercer inquisidor general de Castilla y
regente de la misma a la muerte de Fernando el Católico.
– “Si quieres ser
poderoso en tierra y vivir tranquilo
acoraza tus mares”. – “Dineros, dineros y dineros”.
[4] Rey de España desde el año 1516 hasta el año 1556 y
emperador del Sacro Imperio Romano Germánico desde el año 1519 hasta el año
1558. –“La razón de estado no se ha de
oponer al estado de la razón.”
[5] Fue un sacerdote y escritor ascético español. Tuvo
intensas relaciones con la Santa:
– «A la muy Reverenda
Madre mía y mi Señora Teresa de Jesús. Cuando acepté leer el libro
que se me envió, no fue
tanto por pensar que yo fuera suficiente para juzgar las cosas
de él como por pensar
que podría yo, con el favor de nuestro Señor, aprovecharme algo
con la doctrina de él».
– «El libro no está para
salir a manos de muchos, porque ha menester las palabras de él en algunas
partes; en otras, declararlas; y otras cosas que al espíritu de vuestra merced
pueden ser provechosas, y
no lo serían a quien las
siguiese; porque las cosas particulares por donde Dios lleva a
algunos, no son para
otros».
[6] "Caballero santo" según Teresa (Vida 23,6).
Primer marqués de Vadillo, fue un funcionario destacado durante los reinados de
Carlos II y Felipe V. Destacó en la administración municipal, especialmente en
la de Madrid. – “Búscate en mí”.
[7] Fue virrey de Cataluña y duque de Gandía. Después de
la muerte de su esposa, en 1546, que acabó de desligarlo del mundo, entró en la
Compañía de Jesús, de la que llegó a ser superior general. Se distinguió, sobre
todo, por su profunda humildad. Dio gran impulso a las misiones.
– "Para poder
sufrir más, Cristo no abrió enseguida su costado. Lo abrió después de morir,
para revelar el amor de su corazón, para enseñarnos que el amor no se hace
espiritualmente presente antes de la muerte del hombre viejo que vive en
nosotros según la carne."
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