Una de las cosas que la gente necesita
y desea es la Paz Interior. Esta
necesidad es tan fuerte, que hace que la gente trate las cosas más extrañas
para obtenerla. La falta de Paz viene del miedo,
culpa y el sentimiento de no sentirse amado. Ninguna de estas tres puede
curarse con las cosas que tenemos, o podemos tener en esta vida, ya que están
basadas en nuestra relación con Dios, lo cual incluye nuestra fe en Él. Para
obtener la Paz, debes reconciliarte con Dios.
Tú debes aceptar a Jesucristo como tu
Salvador Personal. Él dijo: "Venid a mi todos los que estéis trabajados y
cargados que yo os haré descansar, llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de
mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras
almas"[1]
Todos conocemos el poemilla de Santa
Teresa de Jesús (Nada te turbe, nade te espante…)[2] y muchos saben que lo llevaba manuscrito en
un trozo de papel para señalar las páginas de su breviario. En esta oración,
santa Teresa «nos» habla (es decir, nos transmite una enseñanza) pero, ante
todo, «se» habla a sí misma (realiza una reflexión personal, una oración que le
sale del alma). Pero es necesario recordar las palabras de Jesús en cada
momento, por eso ella se dice a sí misma: «Teresa, que nada te turbe, que nada
te espante… Solo Dios te basta». Sí, en Él está todo lo que ansía tu corazón,
todo lo demás es secundario. Cada vez que tenía una contradicción, se lo
repetía interiormente y encontraba fuerza en este convencimiento, que heredó de
san Pablo[3]:
«Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?»[4].
Como Teresa misma dice en otro lugar: «Vos sois el amigo verdadero [...]. ¡Qué
fiel sois, Señor, a vuestros amigos! Todas las cosas faltan; Vos, Señor de
todas ellas, nunca faltáis. [...] Levántense contra mí todos los letrados,
persíganme todas las cosas criadas, atorméntenme los demonios, pero no me
faltéis Vos, Señor, que ya tengo experiencia de la ganancia con que sacáis a
quien solo en Vos confía».[5]
Esta oración íntima de Teresa sirve
para cada uno de nosotros. Yo también puedo decir: «Eduardo, que nada te turbe,
que nada te espante… Solo Dios te basta. Él es tu amigo verdadero. Pon en Él tu
confianza, que nunca te fallará».
[1]
Biblia católica: Mateo 11:28-29
[2]
La eficiencia de la paciencia. Siglo XVI
[3]
Conocido como el Apóstol de los gentiles, el Apóstol de las naciones, o
simplemente el Apóstol, y constituye una de las personalidades señeras del
cristianismo primitivo.
[4]
Rom.8:31-32
[5] Teresa
de Jesús, Vida 25: 17
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